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Nueva Provincia

Nueva Provincia

Con carta del 3 de octubre, fiesta de San Francisco de Borja, el Padre General ha constituido la nueva Provincia Argentino-Uruguayana (ARU) mediante la unificación de las dos precedentes Provincias de Argentina y Uruguay.

 

La unificación se hará efectiva el próximo 30 de enero, y el  P. Alfonso Gómez, actual provincial de Argentina, asumirá el cargo de Provincial de la nueva Provincia. El P. Gómez nació en 1960, fue admitido en la Compañía de Jesús en 1979 y recibió la ordenación sacerdotal en 1991.


"Las actuales Provincias de Argentina y Uruguay", escribe el P. Nicolás,  "han tenido una larga historia común.  En 1604 fue creada la Provincia de Paraguay, con la curia provincial en Córdoba.  Comprendía territorios de las actuales Provincias de Paraguay, Argentina, Chile, Uruguay y Brasil Meridional.  La Compañía desarrolló allí algunos de los más apasionantes proyectos realizados en el cumplimiento de su misión, que se interrumpieron bruscamente con la expulsión de 1767. El regreso a la región se produjo en 1836, cuando se instaló una primera comunidad en Buenos Aires, desde donde los jesuitas se extendieron luego a Córdoba, San Juan y Catamarca".  La carta del General continúa con una corta historia de la Compañía de Jesús en la región, los diferentes tipos de apostolados desarrollados en el curso de los siglos, y subrayando las razones de la unificación de las dos Provincias. 

 

El P. Nicolás añade que "desde finales de anterior década se explicita la voluntad de incrementar la colaboración entre ambas provincias, para responder mejor a los desafíos apostólicos y abrir caminos a posibles cambios en la estructura de gobierno.  Desde el año 2001 ambas Provincias tienen los primeros años de formación en común y se multiplican los contactos y la coordinación en los diversos sectores apostólicos".   Este proyecto fue fomentado por la Congregación General 35 que previó la necesidad de reorganizar las Provincias teniendo en cuenta "el tamaño numérico y geográfico, la distribución de edades, la disposición de personas para el gobierno y la formación, la viabilidad económica y la capacidad para desarrollar un plan apostólico que responda a las necesidades locales, regionales y universales". 

 

Dando las gracias a todos por la cooperación recibida en el curso del proceso, el Padre Nicolás termina la carta con estas palabras: "Confiamos que este paso será para el mayor servicio de Dios y ayuda a las almas, y que con él se logrará una mayor y más duradera capacidad de respuesta a las necesidades apostólicas actuales y del futuro".  

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