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Noticias de Alto Verde De este modo, los dos extremos más vulnerables de la vida, están así cuidados por Él. Creo que esto es hasta acá, el vivir de Alto Verde. Obviamente que, como dice el Evangelio: “Jesús hizo muchas otras cosas. Si se pusieran todas por escrito, pienso que ni en el mundo entero cabrían los libros”. Agradezco el espacio y la invitación para compartir algo de la vida de Alto Verde desde que asumí la parroquia.
Lo primero es contarles que apenas había asumido, me tocó vivir junto a la gente el fenómeno de las inundaciones. Momentos de prueba ciertamente, en los que el agua, así como sepulta, saca a flote. En rasgos generales, les diría que significa todo un “bautismo”; un “sumergirse”; un “sepultarse”. Para mí, no sólo en cuanto que era mi primera inundación, sino en cuanto tenía que aprender a ser “hijo-confiado-del-Padre” como párroco. Todo un sacramento de iniciación. Para la gente misma, en cuanto que al quedarle todo sumergido bajo el agua, sale de allí todavía más “crecida” en solidaridad, en capacidad de volver a comenzar, en abandono en las manos de Dios.
Aman tanto al río, y lo consideran tan vivo y lleno de vida, que le permiten desbordarse. Saben que ellos están durmiendo a su lado y que no pueden quejarse, si al “darse vuelta”, queda encima de ellos.
El pescador vive gran parte de su vida sumergido en el agua. Y aun cuando no todos son pescadores en Alto Verde, la gran mayoría tiene que vivir esta experiencia: el río, las lluvias, las napas que brotan, la humedad, todo los tiene “bajo fuego”, o bajo agua, propiamente dicho.
Siguiendo el “hilo bautismal”, y aquella oración de la bendición del agua (“para que sepultados con Cristo en su muerte, puedan nacer con él a una vida nueva”),la parroquia lleva por nombre “Jesús Resucitado”. Y aquí no sólo es necesario “salir del agua con una vida nueva”, sino salir de la violencia de nuevo “con vida” (ya han muerto 6 jóvenes en lo que va del año por este motivo). En esto, hace poquito (en las vacaciones de invierno), tuvimos por contrapartida, la gracia de la misión con 52 jóvenes (chicos del colegio y chicas) que infundieron de vida gran parte de la Parroquia. Verdaderamente un regalo, por el bien que trajo a todos. Y no hay duda que es Jesús que “pasa haciendo bien”.
EL otro signo de vida del Resucitado, lo pusieron los papás del Colegio, al organizarse para sostener el comedor de los abuelos que lleva la Parroquia.
De este modo, los dos extremos más vulnerables de la vida, están así cuidados por Él. Creo que esto es hasta acá, el vivir de Alto Verde. Obviamente que, como dice el Evangelio: “Jesús hizo muchas otras cosas. Si se pusieran todas por escrito, pienso que ni en el mundo entero cabrían los libros”.
Un cariño grande y hasta la próxima, recemos.
Javier
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