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GRACIAS, PICHI Tal vez yo no sea la persona más adecuada para escribir sobre el Pichi Meisegeier. Hay otros que lo han conocido y tratado más en profundidad. Sin embargo me siento movido a hacerlo. Tal vez porque en sus últimos años tuvimos una relación más cercana –entre otras cosas- por la donación de su colección de documentos sobre sacerdotes del tercer mundo y –últimamente- estábamos en tratativas por conseguir para la biblioteca de la Universidad la colección de documentos sobre las ligas agrarias. Esa fue la causa accidental, pero pienso que tal vez esto ha sido así porque él percibió en la Universidad algo de lo que él anhelaba como jesuita. Al mirar su
necrológica se ven fechas y las misiones encomendadas. Sin embargo uno sabe que
las fechas y los títulos no dan cuenta del hombre: de sus anhelos y deseos más
hondos, de su pasión por el Dios de los pobres, por Jesús y su Reino de
Justicia. Lo que da sentido a las fechas y a los enunciados es la vida vivida,
la vida entregada.
Solíamos bromear
algunos jesuitas más jóvenes respecto de
Picihi ya que en el medio de una oración probablemente intercalara la referencia
a cuatro o cinco siglas de organizaciones sociales (Sedecca, mstm, coepal, etc), siglas
que en muchos casos eran un misterio para los interlocutores. Sin embargo más
allá de lo anecdótico, esta referencia constante a organizaciones daba cuenta
de que el Pichi era un hombre orgánico, no un francotirador de hacer por su
cuenta, hacía con otros, organizadamente, con otros muchos mujeres y hombres,
curas y laicos, creyentes y no creyentes que anhelaban –anhelan- un mundo más
justo en el que los últimos por fin sean los primeros y haya para cada uno un
hogar y una vivienda digna.
Desde la UCC
tuvimos la ocasión de hacerle un modesto homenaje hace ya un par de años con
ocasión de su donación de la colección de documentos sobre los curas del tercer
mundo y el archivo Carlos Mujica. Me gusta pensar que en ese pequeño acto él
vio aunque sea un poco del reconocimiento hacia adentro que tal vez anheló y
que -creo- recibió demasiado exiguamente.
Algo que he
admirado de él ha sido su coherencia y su compromiso. Su mirada teológica y
espiritual partían de la realidad, de la realidad de los pobres, no desde una
teología prefabricada, sino desde los problemas reales de hombres y mujeres,
hermanos nuestros sin techo, sin hogar, sin comida, en condiciones de vida
indignas, que luchan por construir un futuro mejor. Desde allí vivía, oraba,
pensaba y obraba el Pichi. Pichi como
buen discípulo del Maestro de Nazareth se
hizo uno de ellos: en la villa de Comunicaciones, o cuando le tocó reemplazar en
la Villa 31 a Carlos Mujica asesinado por las fuerzas paramilitares, o cuando
acompañó a tantos y tantas en su compromiso por los más pobres…años y vida
entregada… El Dios de la Vida ya lo ha recibido en su reino, en la Casa grande
en la que hay lugar para todos.
Gracias Pichi
por tu vida y tu testimonio.
Rafael Velasco,
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