Entre los días 16 y 23 de junio tuvimos la Misión de la Red Argentino Uruguaya de Colegios Ignacianos (RAUCI); fue la primera experiencia que realizamos con una participación de alumnos/as de nuestros colegios de Posadas(2), San Miguel (4), Mendoza (2), Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires y dos de ACESIP (Asociación de Colegios y Escuelas de la Compañía de Jesús del Paraguay)
El grupo total estuvo
conformado por 42 participantes de los que 4 éramos jesuitas (Marcos Muiño,
Beto Michelena, Paco Castex y yo); nos sumamos al “equipo estable” de la
parroquia (Marcos Alemán, Juan Carlos Constable, Nico Gómez, Mary Quadri y un
grupo de colaboradores)
Algunos objetivos que nos
propusimos:
1. Compartir la
experiencia de Fe con la gente de la parroquia mediante la visita a las casas y
escuelas, las celebraciones comunitarias, la oración, etc.
2. Valorar, por parte de
los alumnos de RAUCI, la religiosidad popular distinta en su expresión a lo que
están acostumbrados a vivir.
3. Proveer un espacio de
oración, formación e integración entre los participantes.
4. Establecer redes de
integración entre la RAUCI y la Parroquia como obra de la Compañía en la
Provincia.
5. Fortalecer la
integración de los colegios de RAUCI y ACESIP a través de una experiencia
apostólica con sus alumnos.
Creo que los objetivos se fueron
dando con creces y el Señor se hizo encontradizo con profundas experiencias de
su Presencia.
Espero, para el próximo número de
Noticias SJ, poder acercarles algunos testimonios de los/as misioneros/as que
han participado.
Andrés Aguerre S.J.
Testimonio:
La misión a San José de Boquerón,
específicamente a Piruas Bajo, fue una experiencia enriquecedora y que nunca
voy a olvidar. En este lugar de mucha paz, tan lejos de mi ciudad natal, he
tenido la posibilidad de conocer otras realidades, otras costumbres y sobre
todo a personas que si bien carecen de muchas cosas, son felices con lo que
tienen. Se lo siente a Dios presente en cada uno de ellos. Tienen un corazón enorme,
te abren las puertas de su hogar con mucha alegría. Aprendí muchas cosas allá,
sobre todo a valorar mi vida. El cariño que nos brindaban los niños, jóvenes y adultos nos enriquecían
el alma. Me traje muchos regalos, que no se pueden comprar, la sonrisa de la
gente, el calor de sus abrazos y palabras de cariño.
Pero en esta maravillosa aventura no estuve
solo, tuve la suerte de compartirla con otros misioneros, de otras provincias y
otro país, que teníamos un mismo ideal, llevar el amor y la palabra de Dios.
Estoy muy agradecido al colegio y a todas las
personas que hicieron posible esto, por haber sido participe de esta
experiencia inexplicable y tan importante en mi formación como “hombre para los
demás”.
Juan Segundo Chichizola, Colegio
Inmaculada, Santa Fe.