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Quienes Somos


Los jesuitas somos una Orden Religiosa de la Iglesia Católica compuesta por sacerdotes y hermanos que estamos esparcidos por todo el mundo desarrollando actividades espirituales, sociales y educativas para la sociedad en general, con una especial preferencia por las personas menos favorecidas. Aunque se nos conoce como “Jesuitas” nuestra Orden se llama Compañía de Jesús, fue fundada por Ignacio de Loyola, aprobada por el Papa Paulo III en 1540 y confirmada por diversos Papas a lo largo de la historia.


 


Como orden religiosa hacemos los tres votos de pobreza, castidad y obediencia por amor y deseo de imitar el estilo de vida de Jesús pobre y humilde. La Compañía de Jesús tiene además un cuarto voto de obediencia particular al Papa en las misiones que éste quiera confiarle. La finalidad de la Compañía de Jesús se halla al comienzo de sus Constituciones: “El fin de esta Compañía es no solamente atender a la salvación y perfección de las ánimas propias con la gracia divina, mas con la misma intensamente procurar de ayudar a la salvación y perfección de las de los prójimos” (Examen General, nº 2).


 


En nuestros tiempos enunciamos nuestro fin como “el servicio a la fe y a la justicia, que proviene de esa fe”. “La experiencia nos ha mostrado que la promoción de la justicia surge de nuestra fe y la hace más profunda. Por eso queremos caminar hacia una más plena integración de a promoción de la justicia en nuestra vida de fe, en compañía del pobre y de tantos otros que viven y trabajan por la venida del Reino de Dios”. (Congregación General 34, d.3)


 


Para comprender lo que es la Compañía de Jesús es imprescindible saber cómo nació. Y aquí acudimos a la vida de su fundador: San Ignacio de Loyola.


 


Nació casi con toda seguridad en 1491, en la casa de Loyola, situada en un valle de Guipúzcoa, entre Azcoitia y Azpeitia. Fue el menor de trece hermanos. En su juventud fue durante once años hombre de corte y de palacio. Ignacio, años después caracterizará su tiempo juvenil como una época dada a “vanidades del mundo ejercicios de armas … grande y vano deseo de ganar honra”. En 1521 cayó herido defendiendo Pamplona al servicio del virrey de Navarra. De resultas de las graves heridas sufridas requerirá una larga convalecencia. A raíz de la lectura de la vida de Cristo y de la vida de los santos le fueron emergiendo grandes deseos de servir a Jesús y abandonar la búsqueda de prestigios y honores. En Loyola Ignacio se preguntó qué hacer con su vida.


 


Ahora, Ignacio sólo quería servir a Dios, no sabía cómo, quizá yendo a Jerusalén y quedándose allí, quizá como cartujo… Cuando un hombre se pregunta qué hacer con toda la vida, la respuesta no tiene muchas palabras, se pone en camino y nada ni nadie puede detenerle. Como resultado, Ignacio, a sus 26 años, dejará su casa natal y comenzará su etapa de peregrino. Le guiará el deseo de imitar radicalmente a Jesús. Para ello, iría a Tierra Santa. Pero antes de ir a Jerusalén peregrinó a Montserrat (1522) y estuvo en Manresa, en donde vivió su experiencia espiritual fundante, que recogerá posteriormente en los Ejercicios Espirituales. Tras su breve estancia en Jerusalén, en donde no pudo quedarse, tuvo que dejarse guiar más a fondo por Dios. “¿Qué quieres, Señor, que haga?”, se preguntaba.


 


Al fin, decidió estudiar para poder ayudar mejor a las personas en su apostolado, y tener algunos compañeros. Estudiar a sus 33 años no será tarea fácil. Su deseo de formarse le llevará a Barcelona, Alcalá y Salamanca (1524-27). Dadas las dificultades que encontró (fue acusado por la Inquisición, y le faltaba tiempo para dedicar al estudio, dadas las muchas horas que dedicaba a conversaciones espirituales con las personas y otras tareas), se decidió a ir a estudiar a París. Y así, en enero de 1528, sale rumbo a París “solo y a pie”.


 


Llegará Ignacio a París con 37 años. En París estudiará Ignacio hasta 1536. En esta ciudad nacerá la Compañía de Jesús. Ignacio irá poco a poco ganándose compañeros que siguieran su deseo profundo de seguir la voluntad de Dios en sus vidas, en una entrega fiel y generosa.



Poco a poco fue conformándose un grupo de “amigos en el Señor”. El deseo común de unir sus vidas en este proyecto se expresará de forma solemne en la capilla de Montmartre (Paris). Allí, el 15 de agosto de 1534, Ignacio y sus 6 compañeros: Fabro, Francisco Javier, Bobadilla, Simón Rodríguez, Láinez y Salmerón, hacen voto de pobreza (e implícitamente de castidad) así como de ir a Jerusalén, y si el viaje resultaba imposible, hacen voto de presentarse al Papa para ser enviados adonde él quisiera, al servicio de la Iglesia. Como resultará imposible partir para Jerusalén, los compañeros se presentan ante el Papa en 1538.


 


Al año siguiente, los 10 (se habían añadido 3 más al grupo) deliberan juntos si Dios les está pidiendo fundar una orden religiosa nueva. Como parece que así lo sienten, Ignacio quedará encargado de presentar al Papa un documento inicial que constaba de 5 capítulos, en el cual se explicaban las líneas maestras de la nueva Congregación. Paulo III (1540) aprobó dicho documento y Julio III (1550) lo confirmó. Ignacio será elegido Superior General de la Compañía de Jesús, en 1541 y comenzará a redactar las Constituciones para explicar los aspectos de la forma de vida que deseaban instaurar. Igualmente, obtendrá la aprobación pontificia de sus Ejercicios Espirituales en 1548. Como General, Ignacio residió en Roma desde 1541 hasta su muerte en 1556. Dado que la Compañía comenzaba a extenderse por todo el mundo, dedicó mucho esfuerzo a la correspondencia. Se conservan 7.000 cartas suyas. Su salud estaba muy quebrantada. Murió el 31 de julio de 1556.

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